
Se levantó con la melodía "historia triste" de Eskorbuto. Mientras sentía la melodía tirante de sus bragas. Se puso sus botas militares, abrió el armario y cogió el vestido negro de boda de su madre, "pensaba en ella a todas horas, minutos segundos.." Se puso el vestido, y se miró al espejo y por un instante sintió el olor de su reina, de su madre, su corazón se empezó a consumir y su cuerpo manifestaba los primeros síntomas de la nostalgia... Necesitaba a su madre, necesitaba que la sacara de la enorme mierda en la que estaba hundida. Se olió el sobaco y vió que el olor era de todo menos agradable, pero decidió dejar el baño para más tarde, no por el frío ni por la humedad, si no por esa niebla opresiva de un 7 de octubre. Encendió la cafetera, y se lió el primer cigarrillo del día. Estaba a punto de volver a naufragar en el mar de sus lágrimas, se sentía horrorosamente sola. En ese momento, llamaron a la puerta, miró por la mirilla... era su hermano. La única parte de ella que seguía viva. Él siempre fue el preferido de su madre, tenía una buena vida, y se dedicababa a lo que mejor hacía, "música". Abrí la puerta, y lo abracé desesperadamente, como nunca antes lo había abrazado. Me sonrió y me miró detenidamente... con el vestido de mamá. Decidí quitarme el vestido, me desnudaba delante de él, como lo había hecho siempre. Me miró, y se quedó asombrado por la profunda depresión que se deslumbraba entre mis senos. Era tan inocente, que preguntó que, qué pasaba, finjí excarvar mis dedos entre el pecho, y me empecé a reír, para poder impedir que siguiera esa conversación. Le serví un café con leche, y mientras él se liaba un cigarro, hablamos de su música, de su preciosa novia, de su bonito piso, de sus colegas con los cuales compartí buenas experiencias como hermana pequeña... Y en un incómodo silencio, decidí levantarme y poner a los Cure en el vinilo, él me miraba sin quitarme ojo, y me sonreía... Al final conseguiste lo que querías eh-dijo-. ya que con mis padres en vida, siempre quise heredarlo. Nos empezamos a reír, y mientras terminábamos el café... Ya era hora de irse... me volvió a sonreír por última vez en ese día, en silencio, y me besó la frente. Cerré la puerta, y volví al mar de lágrimas, por la sensación de tenerlo tan cerca, y a la vez tan lejos, también por no poder contarle todo lo que sucumbe en mi cabeza, ya que sabía que podría tomarme por loca. Desde pequeña, tenía ese carácter paranoico que la caracterizaba, era la rara de la clase, la "mujer" siendo aún una cría.
Se encendió un cigarrillo, y se apoyó en la ventana, viendo la mezcla entre el viento y el humo que se dispersaba entre la mañana... De repente, sintió un enorme peso, como si alguién la estuviera observando, miró al piso de enfrente, y descubrió a un joven, de ojos fríos... solitarios, observándola sin quitar ojo. Ella decidió cerrar la ventana en ese mismo instante, y arrastrándose en la pared, se quedó sentada en el suelo, con una respiración fuerte y continua. No estaba sola.
Esa tarde deció ir a dar una vuelta por el casco viejo, estaba esperando en la parada del bus, y de repente se fijó que a su izquierda estaba el chico de ojos claros... se acercó a ella disimuladamente, y ella, sintió un miedo atroz...
Estaba a un escaso metro de mí, me miró, y susurró: "no te preocupes, morirse es mucho más difícil de lo que crees". Lo miré, aterrada, sorprendida, seria... intenté decirle algo, pero se metió en el primer bus, y tampoco sabía qué decirle. Se sentó en uno de los asientos del bus, y me sonrió. No entendía nada.
Esa noche, volví a la autodestrucción, a las pastillas con alcohol, y a amargo baño con recuerdos empañados. Me envolvía en vapor, en humo de tabaco, y en la melodía de "a forest" de los cure...
(...) "Psicodelia, versos con espuma, ramas sin hojas, hojas con cama."